9 de agosto de 2014
EL TALLER DE TEATRO LA BANDA PRESENTA LA MUERTITA
Por Nidya Areli Díaz
La muertita
es una tragedia de corte político y social cuyo tópico principal son las Muertas
de Juárez. El director, Mario Lage, presenta la puesta en el Museo Casa de la
Memoria Indómita durante los fines de semana de agosto y septiembre. Se utiliza
una técnica de los Siglos de Oro llamada bululú, por lo que la actriz Dulce
Chino da vida corporal y psicológica a siete personajes totalmente distintos. No
es casual que esta obra sea presentada por el Taller de Teatro La Banda, pues
los temas sociales, políticamente incorrectos, son los favoritos y más
recurridos por esta compañía que ya suma una trayectoria de casi 25 años.
TALLER
DE TEATRO LA BANDA, SEMBLANZA
El
Taller de Teatro La Banda se constituye en 1990, luego de que Mario Lage fuera
requerido para profesionalizar una serie de esqueches de carácter social,
ideados por una trabajadora social para la integración de un grupo de chavos
banda. Cuenta Audrey Franco, productora ejecutiva de la compañía de teatro:
“salió una convocatoria para un concurso de teatro delegacional, y entonces los
chavos quisieron inscribir su obra. La trabajadora social invitó a Mario a
profesionalizar teatralmente esas escenas. De ahí surgió un drama que se llamó Escenas en la vida de la banda. Ahorita
hablar de banda es medio anacrónico, pero en ese momento representaba toda la
problemática social”. Fue así que a raíz de ese trabajo, el grupo decidió
formalizarse para continuar en la disciplina de una manera más formal.
La mecánica dio origen al texto, y al montaje y a la puesta en escena de la obra Chinches bravas que tuvo un gran éxito y en la que además se presentaban grupos de rock en vivo tocando en la obra. Luego de hacerse acreedora a una beca del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA), La Banda realiza el video ¿Y tú qué… güey?, y pone en escena el drama de José Revueltas El cuadrante de la soledad. Otra convocatoria les otorga la potestad del teatro Legaria y allí La Banda junto con los alumnos de teatro de la UNAM de Mario Lage presentan un gran repertorio de obras de distintas temáticas sociales. Así transcurrieron los primeros diez años de vida de la compañía de teatro. “Acabamos con el Legaria, dice Audrey Franco, entramos en un receso, Mario comenzó a trabajar en otras cosas, pero ya no con todo el equipo y La Banda… hasta 2012, cuando nos volvimos a juntar y surgió otra vez la idea de volver a hacer teatro. Entonces, los chavos ya no son chavos, ya no son banda. Circuló muchísima gente por el Taller de Teatro La Banda, pero solo aquellos que verdaderamente se interesaron quisieron otra vez volver a hacer teatro; claro, ahora desde atrás, produciendo”.
La mecánica dio origen al texto, y al montaje y a la puesta en escena de la obra Chinches bravas que tuvo un gran éxito y en la que además se presentaban grupos de rock en vivo tocando en la obra. Luego de hacerse acreedora a una beca del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA), La Banda realiza el video ¿Y tú qué… güey?, y pone en escena el drama de José Revueltas El cuadrante de la soledad. Otra convocatoria les otorga la potestad del teatro Legaria y allí La Banda junto con los alumnos de teatro de la UNAM de Mario Lage presentan un gran repertorio de obras de distintas temáticas sociales. Así transcurrieron los primeros diez años de vida de la compañía de teatro. “Acabamos con el Legaria, dice Audrey Franco, entramos en un receso, Mario comenzó a trabajar en otras cosas, pero ya no con todo el equipo y La Banda… hasta 2012, cuando nos volvimos a juntar y surgió otra vez la idea de volver a hacer teatro. Entonces, los chavos ya no son chavos, ya no son banda. Circuló muchísima gente por el Taller de Teatro La Banda, pero solo aquellos que verdaderamente se interesaron quisieron otra vez volver a hacer teatro; claro, ahora desde atrás, produciendo”.
LA MUERTITA
La
historia comienza cuando una indigente en andrajos irrumpe en escena, se trata
de Lupe, una vagabunda que contará su historia. Está medio borracha o medio
loca, no importa. La primera reacción del espectador es la repulsión. Luego,
¡qué asco, me tocó!, ¡se acerca demasiado a las personas del público! Es al
público a quien habla, es a mí. No me es ajena su historia porque está, de
carne y hueso, formando parte de mi vida, del momento en el que habito. Luego,
va cayendo un monólogo ininterrumpido. Hay una narrativa intrínseca que actúa
la andrajosa.
El
discurso crea la atmósfera y proporciona al espectador el contexto de la
situación; así, se van representando en mi mente, en torno a Lupe, los colores
de la maquiladora y de la historia que ya entonces es trágica. ¡Pobre Lupe!, era
rete-burra desde siempre, la maestra le decía “que nomás iba a quitar el aire”.
La infeliz , seguramente, como muchos niños mexicanos, ni siquiera
desayunaba antes de ir a la escuela, por eso era burra, por eso ahora es una
loca perdida que habla sin cesar con un dejo de dolor siempre lacerante y
vívido. Lupe era campesina, ayudaba a sus padres en los quehaceres del campo,
vivía en condiciones tales que ni siquiera gozaba del agua como un derecho, tal
acontecía que debía robarla “hasta de noche” lejos, muy lejos. “Pero los viejos no
duran pa siempre”, y se quedó sola y sin nada. Por eso se fue a Juárez a donde
estaba su prima Meche…
Lupe
sigue contando su historia, es una niña sola en un mundo de abusos y
abusadores. He presenciado la primera de las muchas violaciones sexuales a las
que en adelante será sometida. ¿Cómo sentir ahora rechazo?, la atmósfera me
hace vivir en carne propia el dolor de ella. Simplemente chilla y se retuerce
frente a mí. Yo no puedo hacer nada para impedirlo, me quedo petrificada, absorta
en mi nada. Toca las fibras más sensibles. Todas las mujeres, todas, hemos sido
alguna vez víctimas de abusos; acaso todos los seres humanos. Compadezco a esta
infeliz y me compadezco en ella. Esa loca me recuerda que no soy inmune, soy
débil y vulnerable…, un poco como ella…, también estoy muy sola.
Luego,
se quita la gabardina sucia y roída. Ya no es más una vagabunda, ahora es la
cautiva. La cautiva, semidesnuda, con apenas un delgadísimo fondo que la cubre,
iluminada por la luz mortecina de su triste suerte, está ahora rodeada de otras
mujeres también cautivas y semidesnudas; yo también soy una de ellas, ahí desde
mi butaca. Un hombre misterioso, Gary, altísimo, fuerte, a veces benévolo y a
veces maldito, se convertirá en el dueño de Lupe; es el amo y señor de todas
las mujeres que estamos ahí. Su cuerpo, sus manos, sus modales, se dejan ver a
través de la gabardina que cobrará vida propia. Mientras el hombre toca,
seduce, viola, castiga, yo siento escalofríos que me recorren. Tengo tanto
miedo, me siento tan seducida, estoy tan desconcertada como Lupe. Ahí en la
maquiladora abandonada se escuchan los clamores de muchas almas. La atmósfera,
fría y húmeda, me transporta a la ensoñación misma del fantasma atormentado que
es Lupe.
La
selección musical es estupenda, atinada, fluorescente en el ambiente de niebla.
Después de todo, también en la muerte se escuchan los sonidos coloridos que
evocan las almas, alguna vez con toda la vida llenándoles el cuerpo. Uno pierde
la noción de las presencias. Elba, así se llama una, canta cuando viene “El
Calcetín”, coqueta y alegre. Pero sobre todo lo demás impera la tristeza, el
dolor; una tristeza que no se comprende cuando cada segundo remite a la
supervivencia, y un dolor físico y espiritual que cala el vientre, los huesos y
la sangre. Hay golpizas propinadas por hombres furiosos y demenciales; baños
con agua helada en el ambiente frío de la mazmorra más fría; hay pestilentes
olores a muerte que le recuerdan a una que el cuerpo se pudre, que la gente se
pudre, que todo se pudre. Olemos a muerte en esta patria. Huele a muerte el
mundo. Me siento tan sola, tan triste, siento tanto dolor como Lupe. Todas
somos Lupe.
Las
muertas no descansarán en paz nunca. Hay seres siniestros, seres malignos,
seres sin escrúpulos ni corazón que habrán de impedirlo. Los cuerpos de las
muertas no hallarán sepultura; llenas de tierra están sus bocas; llenas de
excrecencias sus cavidades; llenas de silencio sus lágrimas resecas en sus
mejillas. Aun sin vida, muertas como están, habrán de saciar espíritus funestos
y demoniacos. No hay podredumbre ni bajeza más grande que la que se infringe a
un cadáver. Las almas no descansan. Todos los días claman las almas. Hace mucho
frío y la estridencia del ruido de la muerte taladra cada poro de mi piel, ahí
en mi butaca.
El
vestuario es sencillo, apenas un fondo delgadísimo deteriorado por el tiempo y
el uso diario, tatuado con manos de sangre, manos de los plagiarios, de los
asesinos y demonios que están tras las muertes de las pobres muertas. La escenografía:
un carrito de mandado, un bote, un tubo, una escoba, una terrorífica muñeca
rota y un gancho de ropa, harán las veces de todos los elementos que, como por
arte de magia, llenan cada etapa del escenario. La gabardina que traía puesta la
vagabunda del comienzo se transformará en plagiario mediante una técnica
histriónica impecable. La sobriedad del escenario habla de la importancia de
otra cosa, el tema. No debemos atender tanto a la forma sino al fondo. En esa
mazmorra oscura, que existe ahora en algún lugar, hay voces que claman y se
debaten entre la barbarie y la soledad.
La
actriz, Dulce Chino, es todos esos rostros, todas esas manos, todas esas voces.
Pasa de ser la víctima de una golpiza, gritando, aullando de dolor y
desesperación, a ser el consuelo de la desconsolada, la mano amiga y benigna.
Pasa de ser la violada a ser el violador, de ser la cautiva a ser el raptor, de
ser la golpeada a ser el golpeador. Todo eso en el mismo tiempo y espacio. Es
real, tan real que solo se cree al mirarse de frente. ¿Cómo lo hace? ¡Magia!,
mucho talento y un entrenamiento y un trabajo larguísimos, agotadores y siempre
sistemáticos bajo la tutela de Lage.
Hablando
de tiempo y espacio, casi todo el manejo del tiempo es lineal, se trata de una
historia que sigue su proceso natural, se narra sola. No obstante, se manejan
otros planos. Al inicio estamos con la vagabunda en el aquí y en el ahora.
Luego transcurre la historia de la cautiva. Al final no supimos dónde nos
quedamos; estábamos con la vagabunda y ahora ya no. Está ahí pero ya no es
ella, es otra, nos volvemos atemporales, como ella. El espacio es un
escenario central. El público se encuentra totalmente inmerso en la escena,
tanto así que no será extraño que algún personaje te hable directamente
mirándote a los ojos, o que te toque o te regale algo. Finalmente también somos
cautivos, la convivencia, pues es natural y fortuita.
Cada
uno de los personajes va tomando forma y se define respecto de los otros en el
mismo cuerpo y la misma voz que, sin embargo, se desdobla en cuerpos y voces
diferentes. Yo estoy ahí, con Lupe, que ya no es una loca sino una niña,
víctima de atrocidades inimaginables. La
muertita somos todas. Todas estamos medio muertitas desde que nos mataron a
la prima, a la madre, a la compañera de la escuela o del trabajo. Luego, no nos
queda más que frío y soledad, por eso estamos asustadas y tristes, no queremos
salir a la calle, no queremos ser Lupe aunque somos. Todas somos.
ENTREVISTA
CON DULCE CHINO
Fue
un trabajo muy extenso, desde diseñar los personajes con Mario porque
prácticamente la obra se hizo sobre pedido: querían una obra que no durara
mucho, que originalmente se presentara en lugares públicos y entonces el que
escogió el tema fue Mario y él quiso hablar de las Muertas de Juárez.
Francamente yo solo sabía lo que había en los periódicos, sabía lo común que todo
el mundo sabe de las Muertas de Juárez. Entonces, primero aviéntate una
investigación profunda del tema: dónde es, estadísticas, la danza de los
números, y te das cuenta de que es una cosa terrorífica. Luego decidimos
abordarlo no desde el punto de vista de las familias ni de lo político, sino
desde el punto de vista de las muertas, de ahí el nombre, abordarlo desde el
punto de vista de las víctimas, y eso también implicó investigación: de qué tipo
de mujeres eran las secuestradas, cuántas lograron escapar y, si lograron
escapar, qué información nos podían dar. Fue algo dantesco: bajar al infierno,
regresar y darte cuenta de que es real.
Los
personajes son varios, la obra plantea que son muchas mujeres; nunca te dice
cuántas están ahí adentro. Solo se perciben las que se muestran directamente y
hablan, que son Lupe, el personaje principal, Claudia, que es su amiga, María,
que es una mujer con síndrome de Estocolmo y está enamorada de sus captores,
Elba, que desde el punto de vista de Lupe que tiene 16 años, ya
es muy grande y muy vieja porque tenía 25. Esto tomando en cuenta que Lupe
viene de provincia. Tomamos un pueblo que se llama Regocijo, en Durango. Regocijo
es hasta irónico, porque además es un pueblo donde la situación es muy
dura, paupérrima. Y las muchachas, pues, tienen el sueño de irse a Juárez, o de
irse a la frontera para…, pues para conseguir algo. Lupe se tiene que ir porque
se queda sola en la vida; no tiene hermanos, no tiene padres, no tiene a nadie.
Va a buscar a una prima que le dijeron que estaba allá.
El
personaje de Claudia es el que tiene más sentido común, se ve que no fue una
chica ignorante…, sino que sabe, tiene un poco más de cultura, pero por alguna
razón también va a dar ahí. Elba que es la mayor ya está muy dañada…, y así
son varias. Los otros personajes, pues unos son los captores, otros son los que
las venden, otro es el que las cuida. Gary, que es el principal, tiene a
todas estas mujeres en el sótano de una maquiladora abandonada porque lo que
quiere es tener hijos y entonces tiene que violarlas constantemente, pero para
él no es violación, es tener a un montón de mujeres como una reserva para tener
hijos; lo que él no sabe es que el hombre, a quien se las deja a cargo, las prostituye,
pero no las prostituye como en un prostíbulo tal cual que les dan ropa y todo,
sino las tiene en unas condiciones horrendas…, como carne. Metimos otro
personaje que es un necrófilo y que no se conforma con que a lo mejor la muerte
puede ser la salvación para estas mujeres. Ni así, porque ni muertas van a
descansar. Y no nos lo sacamos de la manga. Eso sí lo quiero especificar;
todos estos casos están basados en asesinos seriales reales y en casos
reales.
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De
hecho, muchos de los datos y de las formas en que fueron construidos estos
personajes los sacamos de la noticia tal, de la nota tal, del testimonio tal, y les
dimos vida. Luego, llegó gente que nos dijo: “¡pero eso no es
verdad!”, o bien: “no, es que como que le exageraron”, y nosotros tuvimos
que bajarle porque lo que nos encontrábamos era horrendo. O sea, casos de
canibalismo y todo, ya era exacerbado; luego, si pones la realidad en escena ya
no te lo cree la gente. Entonces, ha sido un trabajo muy completo que para
empezar es un reto porque como actor llegan y te dicen: “esta es tu obra, este
es tu personaje”, y tú dices: “órale, voy a crear un personaje que va a
convivir con el personaje de otro actor que tiene su trabajo”, pero ¿cómo le
haces cuando se trata de crear un personaje que convive con otro personaje que
convive con otro personaje, cuando eres la misma actriz o actor tratando de que
no se vean igual? Bueno, ese fue un superentrenamiento a cargo de Mario que
fue: “créame este personaje, ahora convívelo con el otro, y ahora con el otro”,
y entonces nos fuimos a una técnica de los Siglos de Oro que se llama bululú, donde
un solo actor hace todos los personajes, te cuenta una historia y se mueve y
habla y respira y hace todo.
Francamente
no soy vivencial porque entonces sí ya estaría loca, tendría que haber vivido
todo lo que a estas mujeres les pasa para poderlo representar. Me considero una
actriz formal, pero no por eso dejo de investigar y de pensar y de solucionar y
de tratar de que me quede claro quién es mi personaje porque si no me queda
claro, al público no le queda claro. Entonces, fue un trabajo de año y medio
casi, desde que nos pusimos a investigar, a realizar el texto, a corregirlo, a
encontrarle cosas, a encontrarle fallas, a encontrarle aciertos…,
hasta que se presentó en escena. Finalmente, lo que tenemos ahorita es el
trabajo logrado luego de afianzar muchas cosas.
¿Cuánto tiempo te tomó
apropiarte de los personajes para lograr la representación?
Fue
el trabajo de todo un año. No puedo decir que en una semana cree uno y en otra,
otro, porque hasta la fecha, a la hora de ensayar, seguimos encontrando cosas,
recordando cosas, o nos cae el veinte de muchos personajes. Luego, la misma
obra nos dice algo de cada una de estas mujeres, pero tuvimos que construir la
historia de cada una y escribir la biografía completa para que nos quedara
claro por qué una diría ciertas palabras, cómo se las diría a otra, por qué una
respondería de una manera y otra de forma distinta. Son cuatro mujeres que
reaccionan de forma distinta a una misma situación, todas están encerradas,;dos
quieren escapar, a una ya no le importa y la otra no quiere irse.
Entonces,
sí fue un gran trabajo. Sigue costando trabajo. Mario es muy lindo, es muy
buena onda, pero muchos otros actores podrían decir que es negrero. Él te dice:
“te entrenas físicamente, haces esto, haces aquello…”, pero todo es con un buen
fin. No te puedes dar el chance de decir: “hoy no me lo aprendí”, pues, porque
eres el único que está ahí. Hay que tener siempre la vista atenta. Y claro, a
la hora de las funciones es un manejo de energía increíble…, increíble, porque
no solamente se trata de lo que tú das, sino de lo que de pronto recibes del
público. Incluso creo que lo más rico de este trabajo es la reacción del
público, porque puedes quebrar hasta al más taimado y, evidentemente, hasta el
que dice: “ay, no, yo no voy a llorar”, llora, o se va con el estómago revuelto.
Justo
por la temática también nos han bateado muchísimo el proyecto. Mucho. Nos
presentamos en el Centro Cultural El Foco, y de plano nos dijeron: “ah, sí, muy
bonito”, pero ni nos voltearon a ver. Cuando fuimos a un hospital llegaron las
enfermeras con las palomitas, las tortas y la fruta, y a la hora de la
representación nadie se atrevía a probar bocado.
¿Cuántos años de
experiencia tienes como actriz?
Desde
el 2005 que salí de la fac. Pero, yo ya hacía cosas antes de entrar a la fac,
desde la prepa. Estuve estudiando doblaje, trabajé un rato en eso. Hacía cosas
pequeñitas para videos corporativos. Llevé la formación de teatro, la formación
de actuación radiofónica, pero yo considero que lo profesional es cuando ya te
estás fogueando en algo fuerte y este ha sido uno de los proyectos más fuertes
en los que he trabajado.
Muchos actores,
artistas en general, separan lo político y social de lo puramente artístico.
Como actriz, ¿cómo vives el teatro político, el teatro social?
En
realidad creo que está ha sido la única experiencia de teatro político y social
a la que me he aventado de lleno. De pronto no soy tan política. Durante la
carrera había hecho más teatro clásico y comedia. De hecho, este fue un
superreto porque a mí se me hacía más fácil la comedia. Claro que también tiene
su chiste, pero me gusta mucho. Bueno, a esta obra le tengo todo el cariño del
mundo porque ha sido el reto profesional más grande que he tenido y ha
implicado el darme cuenta de que sí puedo hacer algo serio y provocar algo en
el público. A veces como actor dices: “ay, pues qué bonito, lloraron”, pero no
es tan fácil, es algo muy serio. Y cómo hablar de algo social sin que suene
panfletario, sin que sueltes: “Y en Juárez mueren a diario tantas mujeres…”,
porque no solo en Juárez está pasando, sino en todo el país.
¿Ustedes fueron a
Juárez para hacer la investigación?
No,
fíjate, yo nunca he ido a Juárez. No quiero decir que todo lo sacamos de los
periódicos, porque buscamos videos, videos que incluso luego censuran y quitan
de la red, revistas, libros, videos de testimonios, videos documentales, etc.
Mario me llenaba de material y yo pensaba: “por favor, ya quiero ver algo rosa
porque esto es demasiado”. No hemos ido a Juárez, creo que en alguna ocasión
nos invitaban a ir a Juárez y aunque nos ofrecían protección los dos nos
quedamos mirando con terror. Finalmente no se hizo. No hemos ido allá.
No solo hiciste un
trabajo actoral, además estuviste escribiendo la obra junto con Mario, ¿qué te
deja este trabajo?
Todo
lo del mundo. Para empezar, el saber que de algún modo tienes la capacidad de escribir
una obra. Mario traía los materiales y luego me decía: “escribe lo que se te
venga a la cabeza”, entonces yo hacía ensayitos. Decía: “hoy se me vino a la
cabeza esto que podría decir Lupe”, y él decidía: “esto se queda, esto no” y lo
acomodaba. De pronto yo iba aportando ideas, pero él lo estructuraba todo.
Claro que al final él aportó la mayoría de las ideas. Fue un trabajo en conjunto,
pero él tiene toda la experiencia del mundo, ha escrito obras y ha dirigido. Yo,
como una alumna, pensaba: “quiero caminar a tu paso para no quedarte mal, pero
sobre todo porque es un superreto”.
Él me dijo: “me están pidiendo una obra, ¿le quieres entrar?”. Yo le dije: “claro que sí”. “Ayúdame a escribirla”, me pidió. Yo pensé: “¡ah!, qué chido, quiere que le ayude en la dramaturgia”… y nos pusimos a escribir. Pero ya cuando vimos que eran tantos personajes, le dije: “oiga, profe, ¿no es mucha gente para el espacio que está previsto?”, y me contestó: “no, si solo lo va a hacer una sola persona”. Yo le dije: “a ver, ¿cómo?”. “Pues tú lo vas a hacer…, por eso te estoy llamando para que lo escribamos entre los dos”. Yo pensé: “gracias por la confianza”, pero te juro que sentí que el mundo se me venía encima. Tuve que aventarme los regaños y sombrerazos; él me decía: “este personaje se escucha igual a aquél. Cámbiale la voz. ¿Cómo caminaría ella?...”. Se crean todos los personajes para después juntarlos. Y una de las cosas más complicadas es que una mujer haga personajes de hombre y que se lo crean. Esto implica toda una técnica que es el bululú. Creo que ha sido un reto muy grande y quizás el que profesionalmente me ha hecho crecer más.
Él me dijo: “me están pidiendo una obra, ¿le quieres entrar?”. Yo le dije: “claro que sí”. “Ayúdame a escribirla”, me pidió. Yo pensé: “¡ah!, qué chido, quiere que le ayude en la dramaturgia”… y nos pusimos a escribir. Pero ya cuando vimos que eran tantos personajes, le dije: “oiga, profe, ¿no es mucha gente para el espacio que está previsto?”, y me contestó: “no, si solo lo va a hacer una sola persona”. Yo le dije: “a ver, ¿cómo?”. “Pues tú lo vas a hacer…, por eso te estoy llamando para que lo escribamos entre los dos”. Yo pensé: “gracias por la confianza”, pero te juro que sentí que el mundo se me venía encima. Tuve que aventarme los regaños y sombrerazos; él me decía: “este personaje se escucha igual a aquél. Cámbiale la voz. ¿Cómo caminaría ella?...”. Se crean todos los personajes para después juntarlos. Y una de las cosas más complicadas es que una mujer haga personajes de hombre y que se lo crean. Esto implica toda una técnica que es el bululú. Creo que ha sido un reto muy grande y quizás el que profesionalmente me ha hecho crecer más.
ENTREVISTA
CON MARIO LAGE
¿Por qué las muertas de
Juárez?
¿Por
qué las muertas de Juárez?... Porque no tienen voz. Porque ya las mataron.
Porque nadie las pela. Eso me da mucho coraje, el que nadie pele algo tan
grande, tan importante, tan trágico, y que la gente se haga pendeja al
respecto, empezando por las autoridades, todo el mundo. Entonces es una ira muy
personal al respecto. No porque alguna amiga o pariente mía haya desaparecido
en Juárez. No, afortunadamente. Pero no tiene que pasarme a mí para que me
duela… Por eso las muertas de Juárez.
¿Por qué bululú?
Porque
finalmente encontré una actriz que podía hacerlo. Porque es un estilo que a mí me
gusta muchísimo, que me parece muy rico, muy posible. Yo ya había trabajado
algunas pequeñas cosas de bululú con Dulce, entonces vi que ella lo podía
hacer, que ella era capaz de sacarlo y además sabía que este iba a ser un
numerito muy difícil; muy difícil de mover, muy difícil de vender, de
presentar, etc. Entonces si iba a tener un montón de actrices, iba a tronar el
numerito. Con una sola como sé que es Dulce; que sé que es luchona, que le va a
entrar, que va a seguir, que no se va a echar para atrás…, esa era la mejor
solución, que hiciera ella sola todos los personajes porque además ella puede.
¿Por qué es importante
abordar desde el teatro, desde las artes en general, las problemáticas
sociales?
Porque
para eso son las artes. Esa es la razón de existir de las artes: abordar las
problemáticas sociales. Los temas primordiales de las artes son, precisamente,
las conductas humanas, y las conductas humanas provocan problemáticas sociales;
entonces, la razón de ser del arte es, precisamente, atacar las problemáticas
sociales y comentarlas. El arte no debe ser complaciente, no es para caerle bien
a nadie, no es para hacerse menso y decir: “qué bonito es el mundo”, no lo es.
Entonces dejemos de hacernos pendejos cuando menos los artistas. En lugar de
estar haciendo babosadas complacientes tenemos que hacer esto. El arte que no
es político para mí no sirve. El arte es político de entrada, es una actividad
política. El arte es una actividad neurótica. ¿Por qué es una actividad
neurótica? Porque el artista no está de acuerdo con la realidad y quiere
cambiarla. Aquel que dice que está bien la realidad y que no tiene nada qué
decir al respecto, entonces no es artista, está haciéndose pendejo.
¿Por qué es importante
que la gente vaya al teatro, vea y participe del teatro social y político?
Es
importante que la gente vaya al teatro, a cualquier tipo de teatro y que
participe de cualquier manifestación artística porque el arte hace mejor a la
gente. La utilidad verdadera del arte es que hace mejor a su auditorio.
¿Podrías decir que hace a las
personas más felices, más vivas…?
Las
hace mejores, mejores personas. Alguien que es ignorante, que no lee, que oye
música mierdera no artística, etc., no puede ser una buena persona, no lo va a
ser. Alguien que ve arte, que está expuesta al arte, tiene muchísimas más
posibilidades de ser una buena persona, de ser un mejor ser humano. No quiere
decir que todo aquel que esté expuesto al arte sea bueno, sea una buena
persona. No, hay muchos hijos de puta que disfrutan el arte también, pero si no
lo disfrutas, si no lo entiendes, no tienes chance de ser una buena persona.
Punto.
La situación es que en
este tiempo parecería un poco anacrónico, hasta ridículo, el ser una buena
persona, está como pasado de moda. Entonces, ¿qué ventajas le otorga al ser
humano el ser una buena persona?
Simplemente
va a ser más feliz, va a ser mejor persona. Ser un hijo de puta probablemente
te dé ventajas materiales, pero si eres una mala persona, pues… ¿para qué
eres?, ¿qué caso tiene que seas? No tiene sentido que seas si eres una mala
persona. Bueno, si alguien se pregunta alguna vez para qué estamos en este
mundo, pues para ser lo mejor que podemos, no para ser ricos, no para pasar
sobre los otros, no para nada de eso, sino para ser lo mejor que podamos ser
cada quien.
La
muertita
es una obra supercatártica, ¿cómo es la catarsis que vive el director?
No,
yo ya no vivo catarsis, yo la viví durante el proceso de creación; de hecho el
artista no sufre una catarsis cuando exhibe su obra, la catarsis la sufre
cuando la crea, y la exhibe para que los otros la tengan. De hecho, el arte es
una actividad generosa, no se hace para uno mismo, se hace para los demás. La
actuación, el teatro, es totalmente transitivo. Yo no hago teatro para mí
mismo. No es una actividad masturbatoria que haces para ti mismo, no, lo haces
para los demás, lo haces para los espectadores. Y los que tienen que tener la
catarsis son los espectadores, no el artista. La catarsis del artista es
provocar la de los otros. Puede tenerla de repente durante el proceso de
creación, pero en las funciones yo ya no la tengo. Yo estoy muy preocupado de
qué está pasando, de cómo está saliendo, de que se me va a pasar la luz, de que
la actriz ya se equivocó…, el público no se da cuenta pero, evidentemente, unos sí.
Entonces yo ya no tengo chance de tener catarsis en la función, yo ya la tuve
durante la creación.
Me parece que es una
obra que tiene que remitirlos, sobre todo a ustedes que hicieron la
investigación, a las cifras, a la situación que hoy vive el país. Cuando se creó
La muertita, surgió la idea y se
hizo la investigación, Ciudad Juárez era un lugar lejano, un lugar al norte del
país que no tenía demasiada relación con nosotros los del Centro. Hoy en día,
esta situación la vivimos en el Estado de México, en el Distrito Federal, en todos lados, y pende
sobre nosotros. Nuestros muertos ya están aquí…
Así
es. Ahora, La muertita se ubica en
Ciudad Juárez porque es el ícono de esta situación. Claro que se da lo mismo en
el Estado de México, aquí, en Querétaro, en Hidalgo y en muchas otras partes,
pero el ícono primordial es Juárez. El teatro trabaja primordialmente con
íconos, con símbolos. Luego, el sentir de una sociedad está reflejado por estos
íconos, en el teatro. El teatro no toma toda la realidad, toma un solo segmento
de esta realidad y lo vuelve ícono, lo vuelve un arquetipo. La situación en
Juárez es el arquetipo de este tipo de eventos, del secuestro femenino, del
feminicidio, de todo esto. El arquetipo de esto es lo que pasa en Juárez. Los
arquetipos son universales, son el símbolo de algo que sucede de manera mucho
más generalizada. Pero si hablas de una situación generalizada, esta afirmación
se diluye; es como decir que algo es especial. Pues es un lugar común y es una
bobería que no dice nada porque es demasiado generalizado. Lo que lo vuelve
artístico, lo que lo vuelve entendible, es la particularización del caso. Por
eso es una sola mujer a la que le pasa todo lo que les pasa a las mujeres de
Juárez o, bueno, todo lo que encontramos y que además decidimos que era
escénico.
Ahora te plantearé dos
preguntas enlazadas, la primera: ¿las muertas de Juárez, las muertas
asesinadas, son víctimas? Y la segunda: en ese caso, ¿quiénes son los
victimarios?
Sí,
sí son víctimas. Eso de que ellas se lo buscaron son mamadas de las autoridades
para escurrir el bulto como escurren todo. Y los victimarios son muchas
posibilidades. No hay un victimario, no hay un asesino serial que se las esté
echando a todas, eso es una estupidez. Nada en el universo es unívoco, y menos
una situación tan compleja como esta de los feminicidios. No hay un victimario.
No hay un tipo de victimarios. Hay una serie impresionante de victimarios y
en este caso, como decía Christopher Marlowe: “todos son culpables”.
Ahora, hay periodistas
e intelectuales en general que, dada la impunidad generalizada, hablan de mucho
poder. Es decir, de que para que exista esta impunidad, los victimarios deben tener mucho poder para comprar todo. Para comprar, por ejemplo, silencios o lugares
como el escenario de La muertita,
etc., etc. ¿Cuál es tu punto de vista sobre esta teoría?
Yo
creo, una vez más, que es multívoco el asunto, o sea, lo mismo hay estos tipos
poderosos que hay los pendejetes machines que lo hacen por coraje, porque las
mujeres consiguen trabajo y ellos no, y que se escudan en esta actitud pasiva
de la autoridad, que puede estar en mucho generada por esta corrupción directa
de algunos a los que les pagan para que se queden callados y de la que muchos
se aprovechan. Además, en este país las autoridades, desde hace muchísimo
tiempo, no sirven para nada. Hace muchísimo que eluden sus responsabilidades y
se hacen pendejos…, desde hace décadas. No es nuevo, simplemente la situación
ha escalado y cada vez es peor. Cada vez es más escandalosa la inactividad y la
inutilidad de las autoridades, de los funcionarios que no funcionan, ¿por qué?
Porque no son funcionarios, son políticos; son dos cosas totalmente distintas.
Un funcionario es aquel que sabe ejercer un puesto. Un político es aquel que
sabe conseguirlo. Por desgracia aquí todos los puestos están ocupados por
políticos, no por funcionarios. Entonces, hay esa corrupción, posiblemente
económica, propiciada por los poderosos, como dicen algunos investigadores y
periodistas; y hay simplemente la desidia, la güevonada y la descomposición
total del sistema que permite todo esto, ¿por qué?, pues porque ¿por qué chingados
se van a mover?, ¿a ellos qué les importa?, ¿a ellos…? Entonces es la
corrupción total del sistema; es por desidia muchas veces.
Dada la temática y la
técnica, el bululú, ¿qué dificultades técnicas encuentra el director de La muertita para hacer el montaje y todo
lo demás?
Más
que dificultades técnicas… Técnicamente sabía exactamente qué es lo que se iba
a hacer. Sabía cómo iba a hacerlo. Sucedió, precisamente, porque con Dulce
hubo esta posibilidad de dedicarle tiempo. Lo hicimos en forma de taller; de
hecho por eso se llama Taller de Teatro La Banda. No es un grupo de teatro, es
un taller. La manera en que prefiero trabajar es, precisamente, en esta
forma de taller. Se toma un tema, se explora, se crea, se escribe, se repite,
se ensaya, se improvisa sobre el tema y se va fijando…, esa es la manera en que
yo prefiero trabajar. No siempre se puede y no siempre es necesario. O sea, si
voy a tomar teatro clásico, el teatro ya está hecho, el texto ya está hecho, ya
está dado, hay una forma en que se tiene que hacer, según yo, según el estilo
que tiene. Nada más es juntar una serie de gente que esté dispuesta a
dedicarle cierto tiempo al numerito, se monta; les digo: “tú tienes que hacer
esto, esto se hace de esta manera…”. Ahí estamos tallereando pero más en línea,
como en fabricación en línea. Esto no, esto es la creación colectiva, la
creación desde cero. Entonces, lo que se necesita primordialmente para hacer
esto es disposición y tiempo, que no siempre hay.
¿La muertita, como obra cabal, a quién quiere hablarle
específicamente?
Específicamente,
les habla a las autoridades que no quieren oír. Específicamente, le habla a todo
aquel que ha sufrido algo similar. No está solo, también le pasó a Lupe.
Nosotros lo sabemos. Específicamente, queremos presentarla, básicamente, a la gente
medianamente pensante de este país. Ya sabemos que no existe eso del teatro
para todos, no hay. El arte no es para todos, cada obra artística está dirigida
a un público específico. Este público específico son: la gente de las ONGs, la
gente que esté medianamente interesada en el tema, la gente que sigue de alguna
manera las actividades culturales, que tienen cierto nivel. Hay otro tipo de
teatro que también hacemos en el taller, que es un teatro totalmente popular,
totalmente callejero. Ese es para la gente de los mercados, de las calles… Esta
obra evidentemente no es para esa gente, no porque no puedan entenderlo, sino
porque las condiciones en las que ponemos el otro teatro no son estas mismas.
Entonces cada puesta tiene que tener su público específico. Este público
específico es gente con dos neuronas funcionales cuando menos.
*Fotografías por cortesía del Taller de Teatro La Banda.
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