23 de febrero de 2014
CAER EN PICADA
Por
Nidya Areli Díaz.
¿Quién no se ha sentido
caer estrepitosamente y en picada? Se cae en el amor, en el fracaso laboral, en
los malos hábitos, en las drogas, en el día a día, en el vivir. Cierto que si
la existencia es una gráfica de altos y bajos, los bajos son caídas y nada más
que eso: caídas irremediables, de las que solo quizá nos recuperamos luego.
Pero las caídas son también placenteras, amar es una dicha, un dejarse ir sin
remisión. No se pude hablar del amor si no hay una caída desenfrenada de por
medio, por eso decimos “cayó enamorado”, “otra vez caí como una tonta en el
amor”. Y al vivir también caemos en los brazos de la muerte; piénsese que cada
segundo nos acercamos más al final del precipicio, en el que habremos de
estrellarnos para cerrar los ojos en definitiva. La vida, por lo tanto, es
caída; nada más que un desplome fatal: vivimos para morir.
Un día uno se levanta
con ganas de renovarse a sí mismo. Decimos: “A partir de hoy me levanto
temprano”, y estamos tan determinados que la idea sobrevive al día. En efecto
nos levantamos temprano a la mañana siguiente, y tal vez a la próxima y a la
que sigue; y en eso quedamos mentalmente, pero varias semanas después nos
percatamos de que en algún momento hemos caído, de que hace muchos días que, al
escuchar su sonido, apagamos el despertador para seguir durmiendo. Nos damos
cuenta de que se nos escapó la determinación y no fuimos capaces de no caer,
entonces creemos un poco menos en nosotros mismos. Y lo mismo para el
ejercicio, para erradicar los defectos, para las dietas, para vivir de mejor
manera. Caemos siempre un poco cada vez, mientras más buscamos ascender más nos
caemos y más nos duele, es un círculo infalible.
Me he dejado caer
alguna noche en el colchón de la cama a examinar la jornada. Ella estuvo
terrible, uno tras otros los acontecimientos me llevaron al límite de la
paciencia y de las fuerzas; me doy cuenta entonces de lo hundida que estoy, se
me escapan algunas lágrimas descorazonadas. ¡Ay!, Dios-mío, un efecto dominó
desató catástrofe tras catástrofe. Por la mañana yo estaba de buenas y con
excelente disposición, pero de pronto algo no salió bien y, ahora que estoy
acostada, en penumbras, y llorosa, me percato de que he caído en lo más bajo, y
lo peor de todo es que en ningún momento tuve control sobre los sucesos,
simplemente me fui en picada y ni cuenta me di.
Y qué decir de las
caídas internas; momentos en los que uno se siente inmensamente triste a pesar
de que en apariencia todo va muy bien. Uno de esos días en que uno se descubre
acurrucado en algún sitio inmensamente hundido, inmensamente solo, inmensamente
decaído. Una persona se acerca y nos pregunta “¿Qué tienes?”, y nos quedamos silenciosos
y un poco apenados porque no tenemos nada… nada, y mejor no me digas nada que
no estoy para nada, déjame solo y vete. Y solos quedamos y más tristes que
nunca. El desplome es también inadvertido, es raudo y sistemático,
increíblemente destructor.
Pero también se cae
enamorado. Se cae embebido por la dulce droga de ver los propios ojos
reflejados en otros ojos. Se cae en el sabor de una saliva ajena, en el aroma y
la tibieza del sudor de otro cuerpo, de los espacios afines que uno quisiera
prolongar por siempre. Hallamos nuestra esencia en otro, nos redescubrimos más
felices que nunca, más plenos, más libres, sin darnos cuenta de que en el volar
está la caída, irremediable, insondable, fatua.
Luego, no somos tan
indispensables. La caída es una y se prolonga al final de nuestros días y, por
lo demás, en cada pequeña caída alguien más estará presto para suplirnos,
porque en la sociedad nadie es imprescindible; no se detienen las horas porque tú
llegaste al fondo, y lo más probable es que muy pocos notarán nuestra ausencia,
sea momentánea o permanente, cuando no estemos más. Así de mal agradecidos
somos, así se las gasta el mundo con cada uno de sus seres.
Caigamos, pues, en el
despeñadero de las horas. De caer no nos salva nadie; se cae con sonrisa o
envueltos en llanto; se cae de destino o por elección propia; se cae a mansalva
y no hay remedio. La plusvalía de los días no deja tiempo para mirar en un
espejo cómo vamos cayendo; conviene entonces saberlo para no estar
desprevenidos, para caer de buenas y con la mejor cara, para reírnos mucho
antes de estrellarnos por completo, antes de que el precipicio se haga certero,
antes de que todo se acabe.
Categoría:Caer en picada,Ensayo,Nidya Areli Díaz,Prosa
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada
(Atom)
Categorías
- Crítica (9)
- Ensayo (9)
- Entrevista (2)
- Lengua (2)
- Narrativa (33)
- Poesía (34)
- Recomendación (6)
Colaboraciones
- Berto Naviera (9)
- César Vega (8)
- Iván Dompablo (9)
- Nidya Areli Díaz (9)
- Roberto Marav (7)
- Sofía Mares (13)
- Vladimir Espinosa (9)
- Víctor Alvarado (9)
- Víctor H. Pedraza (8)
Con tecnología de Blogger.
Lo más leído
-
Por Vladimir Espinosa Román Una de las grandes virtudes de Octavio Paz es la maestría de sus obras ensayísticas. Todas ellas ll...
-
Por Nidya Areli Díaz La muertita es una tragedia de corte político y social cuyo tópico principal son las Muertas de Juárez. El...
-
SEMBLANZA Libia Eunice Salcedo Ruiz nació en la Ciudad de México el 25 de agosto de 1971. De madre libanesa es una de las seis hijas...
-
Por Vladimir Espinosa Román La personalidad femenina que se retrata en el cuento “Los convidados de agosto” (incluido en el libro ...
-
SEMBLANZA M ó nica L öwenberg es una artista plástica contemporánea nacida en la Ciudad de México. Sus estudios en Diseño G...
-
Por César Vega Querida Samantha: Trataré de ser lo más concisa y breve al explicarte todo este asunto; en verdad te ...
-
Por Nidya Areli Díaz SEMBLANZA David García Ruiz, Alias Torlonio, nació en la ciudad de Madrid el 6 de febrero de 1964. Pasó ...
-
Por Víctor Alvarado Botas de futbol Ricardo Renedo Todo iba bien hasta que ¡tras!, se escuchó por enésima vez un pelotazo en e...
-
Por Víctor Alvarado Con este, es el quinto intento de escribir unas buenas líneas, dame dos o tres minutos y tal vez lo logre. A...
-
Por Nidya Areli Díaz Ojo por ojo, diente por diente es una obra del dramaturgo Mauricio Jiménez que se originó al adaptar la come...
0 comentarios:
Publicar un comentario