1 de octubre de 2014
TIEMPO LIBRE
Por
María Gómez
![]() |
| La dama del tiempo Alejandra Duque-Estrada Ortiz |
Hoy me ocupo del tiempo
más anhelado y volátil de todos. «Prepara papel y lápiz para no perder una sola
de mis recomendaciones. Música, teatro, cine, bares, barrios mágicos, museos…
Pero ¿Cómo? ¿Se me acaba de ir de las manos? ¡Lo tenía aquí mismo pero ha
terminado, las vacaciones se han ido! En agosto es el regreso a clases, qué
triste… veamos ¿qué puentes vienen? Ah, puedo sentirlo… llega septiembre y
luego noviembre… y diciembre: ¡Feliz Navidad y próspero año nuevo! Jo, jo, jo,
jo.
El tiempo libre es muy
volátil, no porque sean pocos los puentes del año ni porque el fin de semana
dure dos días. En mi opinión su volatilidad radica en que lo tenemos en la mira
para matarlo y efectivamente lo hacemos. No me refiero al maestro roñoso que
deja a su alumno sin recreo, ni al jefe desconsiderado que obliga a su empleado
a trabajar tiempo extra. No. Nosotros mismos, nuestro ser transgénico
posmoderno anhela el tiempo libre pero es más fuerte su ansia de aniquilarlo y
lo destruye. Parece mentira, pero quién no ha escuchado «hay que matar el
tiempo», hasta en las hojas de vida se recomienda colocar un «pasatiempo». Es
muy importante tener un arma contra él, se le califica de saludable.
En este orden de ideas
resulta que el tiempo libre es una enfermedad. ¿Por qué? Hace poco escuché a
una pequeña quejarse de «dolor de aburrimiento». Su molestia residía en no tener algo que la
distrajera. Cuando eso les ocurre a los niños, comienzan a preguntar «¿Qué
quieres hacer?» Si el otro les propone algo de su antojo, el problema se
soluciona, si no es así terminan haciendo barbaridades o de plano se van a
dormir. El tedio es un dolor que queremos evitar a toda costa y lo más sencillo
es matar el tiempo.
El tiempo no habla, no
siente, no podrá quejarse de nuestros malos tratos; porque el tiempo no es
alguien. Matamos nuestro tiempo y confiamos en que nadie sale perjudicado. Los
pasatiempos tienen por lo general un halo de inofensividad. ¿A quién se ofende
porque una señora vea la telenovela de las nueve o porque aquel joven decida
irse a tirar de un paracaídas? Malo sería que ella estuviera en el chisme con
la vecina arruinándole el matrimonio, o él en los arrancones donde terceras
personas podrían salir heridas. Cada quien hace con su tiempo lo que quiere y
mientras otro no se vea involucrado para su mal, todo está bien. Matar el
tiempo evita el tedio y los dolores de cabeza. La pregunta tonta que se me
ocurre es ¿puede matarse lo que no está vivo?
Todo esto tiene su
origen en nuestra idea de tiempo libre. Hablar de él parece equivalente al no
tener obligaciones; en él no hay escuela ni trabajo. Sería terrible ocupar ese
preciado tiempo haciendo labores domésticas, así cuanto más libre, parece que
se tienen menos compromisos. Pero si nos vamos al extremo ¿existiría un tiempo
así? Toda nuestra vida, todas nuestras acciones están ligadas unas con otras y
de todo paso hay una consecuencia. Tirarse en el pasto, leer un libro, dejar
los trastes sucios en el fregadero, ir con el vecino, pasear con los niños en
el parque, todo nos lleva a algo.
Considerar el tiempo
libre en términos de cero obligaciones nos angustia más que las obligaciones
mismas ¿Por qué? ¿Nos asusta el «dolor de aburrimiento»? ¿Acaso tememos
encontrarnos con lo que somos en silencio? Tal vez sea eso o tal vez sea solo
consecuencia de las cosas que hemos escuchado y creído sin cuestionar: «Las
vacaciones son geniales y el trabajo apesta», «el que hace todas sus tareas es
un ñoño y el que se las ingenia para no hacerlas es la onda», «permanecer en
casa el domingo es de aburridos», etc. La obligación por su parte, exige una
acción concreta.
Me parece que el tiempo
libre es libre porque nosotros le imprimimos esa libertad; la cual, de ningún
modo puede apartarse del compromiso, tanto con los demás como con nosotros
mismos. No se trata del fin de semana o la hora de la salida. Se trata de hacer
lo que realmente queremos hacer. ¿Dónde? En todas partes, todo el tiempo,
porque todo el tiempo puede ser libre. ¿Qué queremos hacer? De tanto pasatiempo
a veces ni nos acordamos y cuando venimos a ver, nuestro supuesto tiempo libre
nunca fue otra cosa que tiempo perdido. En la vida las vacaciones no existen,
gocemos nuestro tiempo libremente.
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