9 de noviembre de 2014
ANTES
Por César Abraham Vega
![]() |
| Viejo con habano Rolando Espinoza Espíndola |
—Apá, Apá…
levántese ya.
—¿Uhg? ¡Ah! No…
no quiero Martha, ¡no quiero!
—Ándele, papá,
se nos va a hacer tarde; nada más lo cambio y se va para abajo a desayunar.
Mientras yo me baño rapidito y alisto para irnos ya; ya ve que si nos tardamos
las fichas se acaban. Ándele, papá, no sea malito levánteseme ya.
—¡Carajo,
Martha! Ya deja… deja, yo me cambio solo… ya.
—Pero, papá, se
vaya usted a ca…
—¡Qué tu puta
madre! ¡No soy un escuincle, Martha, ¡déjame ya! ¡Yo sé vestirme!... ¡Ya métete
a bañar! ¡Ya yo me encargo! ¡Chingá!
—Sale, Apá, te
cambias bonito, ¿eh? Te pones tu sombrerito y te abrochas bien bien tu
pantalón.
—Qué tu puta
madre! ¡Ya déjame en paz!, yo sé cómo vestirme, déjame en paz.
…pinche chamaca
pendeja, como si no supiera cambiarme, como si no supiera hacer mis cosas por
mí mismo, estaré viejo pero no pendejo; como si no hubiera sido yo el que la
vestía hasta los siete, a ella y a su rependejo hermano, como si no hubiera
sido yo el que les dio estudio a ambos, el que los llevó a la escuela, el que
les dio de todo, y les hubiera dado más, ¡les hubiera dado más, caray!, de no
ser por el puto azufre que me jodió enteritos los pulmones, y el Zamudio ese,
¡maldito hambreado! Chingándose la pensión de todos el muy ojete, el muy cabrón,
pero no hay dinero que soborne a la guadaña; el día que se clavo el muy puto
¡ah!, qué bonito me reí yo.
Será el sereno,
a pesar de las jodas, sigo bien fuerte, aunque sí estoy cansado, pero es el
mundo el que me cansa; me cansa tanta chingadera. El mundo de antes no era
enfermo, había tanta cosa buena, tanta muchacha bonita y tan seria, hasta la
ropa era de calidad y a la medida, no como estas pinches chingaderas de camisas
que parecen de papel y… ¡ah cabrón! Cómo aprietan, que si lo digo yo, pura chingadera
y además bien caras, ya no alcanza pa ni maiz.
Si hasta antes
la rata era de otra calaña, puro respeto, cuándo iba yo a creer que le robaran
a las señoras o a los niños, si hasta a los médicos y a los profesores se las
perdonaban, no como ahora que hasta a las viejas matan por arrancarles el
monedero o el celular. ¡Pinches putitos rasca colas! Pero que se metan conmigo
los jijos de la chingada y yo si les saco la calabaza con el fogón. Si hasta
antes el trabajo era distinto, de verdad, uno se partía las manos piscando el
jitomate, labrando la madera, cargándose las reses en el rastro, picando la
piedra en la cantera, curtiendo la piel, arando la tierra; no como ahora, como
el pinche nieto Cesarito que ya cree que por picarle a la chingadera esa de la
computadora trabaja mucho el muy cabrón. Trabajos los de antes y trabajadores
los de entonces, no que ahora… ya tiene un rato que todo se jodió. ¡La
juventud! ¡La juventud! Ahora les vale madres todo, todo lo quieren fácil, como
decía mi compadre Filemón: peladito y a la boca.
Aunque hay cosas
en mí que sí van cambiando, pa qué me hago el güey, sí me doy cuenta, si estas
escaleras son tan distintas, y no han cambiado nada, si son las mismas de esta
casa que construí con estas manos que ya me tiemblan, a mí que ni la voz me
tembló ni una vez sola ante el patrón o el capataz, yo que siempre fui tan
cabrón y encabronado para todo…, y ahora me cuesta tanto bajar y subir las
escaleras. Las escaleras sí son las mismas, tan igualitas como siempre, lo que
sí me acabé son las rodillas con el chingado futbol, ¡pero qué rechulo jugaba!,
¡hubiera sido campeón! Pero te conocí, Lupe, y todo se jodió.
¿Por qué te
fuiste, pinche Lupita? Me amargaste la vida completita, canija mujer. Me
dejaste solo con los escuincles y yo que ni sabía cocinar un huevo, ni planchar
un calzón o una camisa; sí, ahora sé bien que los calzones no se planchan y las
camisas se planchan al revés, excepto las mangas porque… ¡Jódete, Lupe! ¡Jódete
donde estés! Segurito ya estás muerta. Pa ni falta que me hiciste, yo solito me
basté, cabrona, yo solito lo logré. ¿Cómo la ves? Fíjate en la Marthita, ya es
toda una mujer, aunque nomás de verla me hierve el buche porque es tu espejito,
mujer, igualita. ¡Carajo!
¡Carajo! Sí,
estoy viejo, ¿y qué? Ya se me acabó mi veinte, esto ya fue. Hasta el puto
gerber me sabe a mierda; nada que ver cuando comía papilla estando yo
chilpayate, o cuando me hartaba de helado a los seis, o cuando corría detrás de
las mariposas a los ocho y ni cansaba mi corazón, o cuando volaba en mi
biciburra a los once, o cuando mi ser explotó pa dentro al besar a la Moni a
los dieciséis, o cuando cogía como toro hasta seis palitos al hilo cuando tenía
yo veinte, o cuando moría de feliz al recibir mi pago a los veintitrés, o
cuando el mundo se hizo bien chiquito y bien chulo cuando la Lupe se vino a
vivir conmigo a esta casa, o cuando nació la Marthita que sentía que el sol
amanecía solito para mí y pa nadie más; y el orgullo que no me cabía en el cogote
por la dicha de que nació varoncito mi condenado Mauricio… Pero ahora…, ya ni
los arcoíris son los mismos…, ya ni el atardecer es tibio, ya ni el sol brilla,
ni la lluvia moja igual que antes; todo se jodió, ahora todo es doler de
huesos, todo es la tos nocturna, todo es echar de menos, todo es dejarse ir,
morirse a cachos y andar emputado con todos por lo mismo sin saber qué es lo
que hice por mí. No, señor. Pero aún me siento algo fuerte y mientras no muera
no me dejaré morir.
—¡Ay! ¡Papá!
¡¿Qué has hecho?! ¡Ay papá, no! ¡Mira…!
—¿? ¡¿Qué
ching…?! ¿Qué?, ¿qué hice? Me estoy tragando el puto desayuno que dijiste ¡¿Qué
más querías que hiciera, pendeja?! ¡Tú dijiste!
—¡Sí, papá, pero
no! ¡No, papá! ¡Qué asco! ¡Te comiste toda la muestra para tus laboratoriales!
—¡Qué tu puta
madre! ¡Si serás pendeja! Pues tú lo dejaste a mi alcance; yo pensaba que era
el puto gerber, pendeja! ¡No seas cabrona si hasta le dejaste la etiqueta! ¡Yo
cómo iba a saber que era mierda si bien sabes que todo me sabe a lija¡… ¡Si yo
pensaba que era la puta chingadera esa de ciruela que siempre me das pa
desayunar!
—¡No, papá, si
el gerber está en la mesa! Hasta te dejé una cucharita en la manteleta. ¿Por
qué haces esto, papá? Hasta siento que lo haces a propósito, hasta parece que
lo haces para molestarme… ¡Si hasta puse la muestra arriba de la alacena! ¿Cómo
te ibas a confundir? Y sí ¿eh? Nomás me jodes los días, ya no vamos a ir al
hospital, ya te tragaste tu muestra. A veces te odio tanto, papá. No sabes
¡Mayra, Mayra! ¡Ayúdame; hay que bañar a tu abuelo, ya hizo otra chingadera
más!
-¡No!... ¡¿Yo
por qué mamá?!
…mientras no
muera no me dejaré morir… sin dignidad.
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