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18 de mayo de 2014

CALLADA Y QUIETA


Por Nidya Areli Díaz 

Hospital
Alias Torlonio
¡Uiiiiiuuu-uiiiiiuuu!, ¡uiiiiiuuu-uiiiiiuuu! Edelmira miraba los labios entreabiertos y rememoraba. ¡Tienes los dientes feos, de tiburón! ¡Estás gorda como ballena! ¡Jajaja! ¡Como puerca ballena!.. No debe ser tan grave cuando los tengo todos. Él perdió una muela por una caries mal cuidada y un incisivo por andar de peleonero. Las luces entremezcladas daban la impresión de sueño. Allá, de niña, las cosas siempre habían ido muy mal con su papá. ¡Eres puta y reputa!, le decía él a la madre mientras esta se quedaba callada y quieta. ¡Pobre diabla!, pensaba ella, ¡Yo nunca voy a ser tan tonta! Escucho aquí en mi cabeza como martilleos de muebles que se mueven y la escoba que choca contra las cosas que estorban. Luego él la había enamorado. Él con sus palabras toscas, con sus abrazos groseros, con sus ademanes simpáticos y su manera campechana de hablarle. Él que, aun teniendo ya una familia, no dejaba de ser guapo y encantador. Las contusiones múltiples daban indicio de severas heridas internas.

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